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Daniel Leber

Leberinto

19 nov - 31 dic, 2021

 

“A veces las ideas se materializan de maneras inesperadas”*

Desde la intersección de las avenidas Pueyrredón y Santa Fé, caminando dos cuadras metiéndose por el costado de un arreglo eterno del subte H, entre locales comerciales cerrados, una angosta reja siempre abierta da a un pasillo que doblando a la derecha y entrando por la segunda puerta también abierta, nos recibe el plátano del centro de un laberinto.
Supimos hacer ese recorrido de memoria hasta llegar una y otra vez a los encuentros de un pulmón en el medio de la ciudad hostil.
Eso fue Isla flotante para mí, donde se cruzaron muchos destinos. Ahí ensayamos en voz alta lo que seguimos haciendo hoy, y compartimos conversaciones durante inauguraciones que derivaban en baile, sin protocolo alguno. Nos reconocimos las caras como una premonición de la confianza que surgiría unos cuantos años después.

Son muchos los escenarios dónde conocernos: la calle, los transportes, la escuela, los trabajos, el supermercado, el banco, la ferretería, la farmacia, los aeropuertos, las redes sociales... casi todos parecieran conformar el espacio público, pero son lugares de tránsito, en cambio, este corazón de manzana que intento describir, nos dió lugar a existir, aún después de su cierre.
Las muestras están destinadas, cómo todas las personas, a ser efímeras. Tenemos la oportunidad de conocerlas de manera virtual, física y espiritual.

LEberinto:
Los ojos pueden pasar rápido a velocidad de scanner por las figuras que dibuja Leber, entendemos algo que quiso representar con líneas coloridas y a ver la próxima, el mensaje se decodifica. Pero, misteriosamente la mirada se llega a posar un rato más que lo que el entendimiento exige, y el ojo sigue recorriendo de manera espiralada las tablas de madera en proporción Aurea, y se encuentra una y otra vez los trazos dónde solo en detalle pueden apreciarse capas y capas de sutiles cambios de color y contraste, las líneas empiezan a verse como gestos. Los efectos de luz hipnotizan a la razón haciendo lugar a las pupilas gustativas que cosquillean al ver las distintas combinaciones.
Una imagen fija también puede significar el centro de un laberinto.
Las pinturas, como las canciones, son lugares conocidos donde reposar entre todo lo mutable. Volver a ver estas pinturas todas juntas desplegadas me sitúa en el escenario donde atravesé el aislamiento. Ver cómo iban transformándose cada una de a poco, quizás después de horas y horas de oler trementina solo aparecía una línea sutil de luz remarcando un trazo u otras veces de una noche a la mañana siguiente ver una totalmente cambiada, casi irreconocible. Esas fueron las novedades y los movimientos dentro de la quietud forzada por la coyuntura. Y al mismo tiempo, significaron la fuga del miedo, la ilusión con atmósfera a óleo, de que tarde a temprano esta muestra ocurriría.
Quizás ahora en medio de una vorágine de reencuentros aparece la nostalgia de ese detenimiento, saudades que se disuelven con el descanso del que estas pinturas están impregnadas.


por Nina Kovensky para la muestra Leberinto *de Daniel Leber en Isla Flotante 19/11/2021.